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miércoles, 1 de marzo de 2017
Encuesta Desarrollo Infantil
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miércoles, 15 de febrero de 2017
Síndrome del emperador o del niño tirano: cómo detectarlo
El síndrome del emperador, del niño tirano o del niño rey son los distintos nombres con que se conoce a un fenómeno cada vez más común: el de los niños que acaban por dominar a sus padres, e incluso, en los casos más extremos, por maltratarles.
¿Pero cómo son esos niños? ¿Cuáles son sus características? ¿Es posible la prevención?
Características de los niños con el síndrome del emperador
Nos referirmos con este nombre a niños que presentan determinadas características como:
- Sentido exagerado de lo que les corresponde y esperan que los que están a su alrededor se lo proporcionen.
- Baja tolerancia a la incomodidad, especialmente si es causada por la frustración, el desengaño, el aburrimiento,o la negación de lo que han pedido; entonces, la expresan con rabietas, ataques de ira, insultos y/o violencia.
- Presentan escasos recursos para la solución de problemas o afrontar experiencias negativas.
- Están muy centrados en sí mismos y creen que son el centro del mundo.
- Buscan las justificaciones de sus conductas en el exterior y culpan a los demás de lo que hacen, por tanto, esperan que sean los otros quienes les solucionen sus problemas.
- No pueden, o no quieren, ver la manera en que sus conductas afectan a los demás por lo que se dice que, muchos de ellos, carecen de empatía.
- Piden hasta el extremo de la exigencia. Una vez conseguido, muestran su insatisfacción y vuelven a querer más cosas.
- Les cuesta sentir culpa o remordimiento por sus conductas.
- Discuten las normas y/o los castigos con sus padres a quienes consideran injustos, malos, etc. Pero comportarse así, les compensa ya que ante el sentimiento de culpa inducido, los padres ceden y otorgan más privilegios.
- Exigen atención, no sólo de sus padres, sino de todo su entorno. Y cuanta más se les da, más reclaman.
- Les cuesta adaptarse a las demandas de las situaciones extra familiares, especialmente en la escuela, porque no responden bien a las estructuras sociales establecidas ni a las figuras de autoridad.
- Se siente tristes, enfadados, y/o ansiosos, y suelen tener una autoestima baja.
Se tiende a culpar a los padres de este tipo de conductas por ser demasiado permisivos y protectores con sus hijos; aunque, también, influye el ambiente porque hoy los niños viven en una sociedad consumista, individualista y que prima el éxito fácil y rápido por encima de todo.
Además, puede existir una predisposición genética de carácter que explicaría por qué dentro de la misma familia, y en las mismas condiciones, sólo se ve afectado un miembro.
Señales de alerta ante el Síndrome del Emperador
Las señales que nos deberían poner en alerta son las siguientes:
- Hay que estar atentos a los niños que imponen de manera sistemática su voluntad o tienen rabietas en lugares públicos delante de toda la familia.
- Asimismo, nos debemos fijar en el niño que siempre se sale con la suya puesto que, muchas veces, hacen girar a la familia siempre en torno a él. Debemos pensar que, si se les deja hacer lo que quieren, acabaremos en las redes del chantaje emocional.
Obviamente, llegados a este punto, cualquier lector podría objetar que casi todos los niños pequeños tienen muchas rabietas. Y, es cierto; todos tienen rabietas, pero hay que intentar que no se salgan con la suya. En general, por encima del primer año de edad,ya hay que marcar límites y el menor debe saber hasta dónde puede llegar.
Posibles causas del Síndrome del Emperador
Son los padres quienes deben ejercer su función. Así, los padres hiperprotectores y permisivos, que claudican ante los caprichos de sus hijos, porque creen que así “no sufren”, pueden establecer el caldo adecuado para un niño tirano.
Otro factor de riesgo es que exista una discrepancia educativa entre los progenitores. Aunque ello pudiera ocurrir, los padres deben intentar unificar sus personalidades y mantener una actitud educativa firme que permita que no haya roturas entre ambos en la imposición de normas.
a estructura familiar ha cambiado mucho, con divorcios y nuevas parejas frecuentes, los hijos únicos aumentan y, además,los tenemos a una edad cada vez más tardía o los adoptamos. Entonces, es fácil que un niño se convierta en un bien precioso cuyos deseos siempre hay que satisfacer, que no puede sufrir ni conocer disciplina alguna.
Hasta el año, todo el entorno sólo esta para satisfacer sus necesidades. A partir de ahí, va aprendiendo estrategias para salirse con la suya, como las rabietas, por ejemplo, una manifestación de descontento normal, pero que hay que saber atajar.
Hacia los cuatro años, lo habitual es que el niño ya sea capaz de verbalizar su rabia y, a los cinco, de controlarse. A excepción de los niños tiranos, que intentan imponer de manera sistemática su voluntad, son agresivos, sufren constantes rabietas en lugares públicos y convierten el día a día de toda la familia en un calvario.
Los padres acaban por rendirse con sucesivas renuncias con tal de lograr paz. Y el niño mimado pasa a ser el rey de la casa, de ahí a niño tirano, y por último, si la agresividad persiste, se trasforman en adolescentes descontrolados y maltratadores de sus padres.
La frustración es un sentimiento normal durante el desarrollo infantil: el niño necesita, desde que tiene más o menos un año, rutinas, reglas y límites claros sobre lo que puede y no puede hacer.
Pero a partir de los seis años hay niños que se muestran muy impulsivos, mienten, tienen actitudes vengativas, no conectan con los demás, son insensibles, se sienten poderosos, carecen de empatía… Estas son actitudes tiránicas, que a los once años se pueden agudizar y a los 15 años ya son difíciles de encauzar.
Y es que educar no es fácil, y debe implicar ciertas dosis de frustración, para equilibrar el amor. El problema se presenta si no hay reacción por parte de los padres, que, en su afán de buscar una excusa a todo –“el niño tiene mucho carácter”, “lo que hace es normal a su edad”…- no se atreven a imponer límites, tal y como decíamos anteriormente.
Así,el problema se va agrandando hasta que la familia tiene la sensación de que se le ha ido de las manos. ¿Qué hacer entonces? Se trata de actuar con sentido común, sin exasperarse y sin violencia.
¿Qué hacer si mi hijo tiene el Síndrome del Emperador?
Algunas pautas eficaces pueden ser las siguientes:
- Establecer reglas claras y explicar las razones de esas reglas.
- Ser coherentes. El padre y la madre deben tener la misma opinión respecto a un mismo problema.
- Mostrarse firmes respecto a lo que el padre y la madre hayan decidido, de forma conjunta
- No imponer un castigo que luego no se cumpla. No olvidemos que existen castigos negativos y positivos
- Supervisar las actividades de los hijos.
- Procurar gratificar en vez de castigar.De igual modo, si nuestro hijo ha hecho algo de forma adecuada es preciso el refuerzo positivo que, obviamente, no tiene porqué ser nada material
- En el caso de los niños más caprichosos, se debe intentar hacer lo posible para mejorar nuestra relación con ellos.
- Otorgar a los hijos responsabilidades acordes a su edad, como recoger la mesa o ponerla, sacar la basura, hacerse la cama, sin importar el sexo.
- No apartarles ni sobreprotegerles, ambas cosas podrían configurar un niño tirano
Cómo potenciar las capacidades de nuestro bebé
Normalmente a cualquier padre o cualquier madre, sobre todo si se es primerizo o primeriza, le surgen dudas acerca de cuál es la mejor educación para su hijo/a, qué es lo más apropiado para que su bebé se desarrolle bien, qué actividades pueden fomentar el desarrollo de la motricidad, la inteligencia o de los sentidos…
Sin duda, lo principal para que nuestro bebé empiece a desarrollarse correctamente desde bien pequeño y tenga sus capacidades desarrolladas al máximo, (aparte, obviamente, de que esté bien alimentado y no tenga ninguna enfermedad física) es crear un fuerte vínculo de apego con el, y esto podemos lograrlo incluso antes de que nazca mediante la estimulación del afecto y los sentidos.
La estimulación prenatal
El bebé cuando aún es feto y se encuentra en el interior del vientre de la madre, ya es capaz de comunicarse con su madre, mediante movimientos, sonidos (aunque no los percibamos), latidos del corazón, sensaciones… y hay que aprovechar esta capacidad para crear el vínculo madre-feto mediante lo que se denomina ‘estimulación prenatal’.
La estimulación prenatal (EP) es un programa formado por actividades específicas para cada caso que persigue potenciar las características del bebé desde el vientre de la madre, antes de que nazca, mediante la estimulación de los sentidos. La importancia de la estimulación prenatal radica en que el feto está formando su tejido neuronal en el cerebro, y cuantas más conexiones nuevas seamos capaces de desarrollar, más capacidades podrá desarrollar el bebé cuando nazca.
La estimulación prenatal (EP) proporciona muchos beneficios tanto a la madre como el feto:
- Cuando nacen los niños, tienen un desarrollo óptimo de los sentidos, que se refleja en más agudeza perceptiva y auditiva.
- Los bebés que han recibido estimulación prenatal nacen más relajados, y tienen menos miedo a la hora de interactuar con el entorno.
- Los niños estimulados antes de nacer son más flexibles y curiosos. Además, se alimentan y duermen mejor.
- Los ejercicios de estimulación proporcionan relajación a la madre y contribuyen a mejorar su forma física.
- La EP mejora el vínculo familiar padre-madre-feto.
- Previene déficits intelectuales y motores en el bebé.
Para llevar a cabo la estimulación prenatal, es muy importante que la madre se encuentre en buen estado de salud y mantenga una actitud relajada durante el desarrollo de las actividades y los ejercicios, además, es muy importante encontrar el lugar y el tiempo necesario para llevarlas a cabo, es decir, no ir con prisa, encontrarse relajado y desarrollar las actividades en lugar tranquilo y agradable y, en la medida de lo posible, involucrar también al padre o incluso a algún hermano/a.
¿Qué podemos hacer para estimular a nuestro bebé antes de que nazca?
Hay muchos tipos de técnicas y actividades, las cuales podemos llevar a cabo en casa (habiéndonos asesorado e informado correctamente antes) o acudir a algún centro profesional de Atención Temprana y Estimulación pre y postnatal donde realicemos las actividades guiados por un profesional que siempre podremos repetir y en casa.
Algunas técnicas de estimulación prenatal son:
- Entablar diálogos en tono suave y agradable con/hacia el bebé y escuchar música relajante tanto para la madre como para el feto, pues el oído es uno de los sentidos que más ‘juego’ o posibilidades de estimulación ofrece durante el embarazo.
- Proporcionar caricias y ligeras presiones en el vientre, incluso masajearlo.
- Exponer el vientre al sol. Los rayos solares son capaces de penetrar los músculos del vientre y el bebé está preparado para percibirlos.
La estimulación postnatal
Como su propio nombre indica, la estimulación postnatal se lleva a cabo cuando el bebé ya ha nacido y normalmente durante los primeros meses de vida.
Aunque estimular las capacidades de nuestro hijo es una tarea que conlleva prácticamente toda la niñez, la estimulación postnatal va a conseguir que las características y habilidades del niño sean potenciadas desde que es un bebé, lo que se traducirá en un mejor desarrollo físico e intelectual a medida que va creciendo, pues se ha comprobado que los niños que reciben estimulación postnatal son más espabilados, atienden mejor a los estímulos porque sus sentidos se desarrollan mas, y, en general, tienen más facilidad para el aprendizaje de asociaciones, juegos, reconocimiento del medio, etc.
Dónde, cómo y cuándo estimular a nuestro bebé
Lo primero para establecer vínculo con nuestro bebé es proporcionarle seguridad a través del lugar donde vamos a iniciar la estimulación. Éste debe ser un lugar tranquilo, sin ruidos o con música relajante, ventilado y al ser posible con bastante luz natural; recordad que debéis adaptar el lugar a vuestras necesidades y a las del niño.
Los materiales que vamos a emplear para la estimulación de nuestro bebé han de ser flexibles, blandos, que no sean peligrosos (es decir, no tóxicos y no cortantes), al ser posibles de colores y formas llamativas para que llamen la atención del pequeño y de un tamaño asequible al manejo del bebé. También es importante utilizar cremas de bebé para los masajes y una superficie blanda pero estable en la que apoyar a nuestro hijo.
Por otra parte, elegir el momento adecuado para llevar a cabo la estimulación, también es muy importante. Lo ideal es llevarla a cabo cuando el bebé se encuentra despierto y en disposición de jugar, pero debemos evitar aquellas situaciones en las que el bebé esté nervioso o irritado. Otra advertencia a tener en cuenta es que no debemos forzar al pequeño a hacer actividades que no puede, no sabe o no quiere hacer, pues la esencia de la estimulación desaparecería y no sería nada pedagógica.
Tipos de actividades de estimulación postnatal para hacer en casa
Existen muchos tipos de actividades, pero algunas formas sencillas de llevar a cabo en casa son mediante:
- Masajes: masajear suavemente con la ayuda de cremas para bebé cada parte del cuerpo, una a una, comenzando por la barriguita, los brazos, las piernas, la planta de los pies, las mejillas y la espalda. Han de ser caricias suaves y circulares, y debemos estar pendientes de cuáles son las reacciones del bebé para reforzarlas mediante la risa o hablándole.
- También podemos pasarle por encima de su piel objetos de diferentes texturas y tamaños (rugosos, lisos, duros, blandos, etc). Con estos ejercicios estimulamos el sentido del tacto.
- Estimulación de la vista: tratar de conseguir que el bebé mueva los ojos en la dirección que deseemos, bien hablándole y desplazándonos de un lado a otro, o utilizando objetos llamativos que iremos cambiando de sitio para que el pequeño los siga con la vista.
- Estimulación del oído: se estimula mediante sonidos y a la vez mostrándole objetos, de esta fomentamos que el bebé asocie determinados ruidos con objetos concretos.
En definitiva, la estimulación del bebé debe ser un espacio íntimo entre los padres y el pequeño, y ha de tomarse como una rutina diaria reservada al contacto familiar donde todos los miembros se sientan en armonía con la situación.
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